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CAMPOS DE TRABAJO EN COMÚN CON PADRES Stefan Langhammer (antropósofo, pedagogo Waldorf, financiero de la Sección Médica del Goetheanum)

Como  un  elemento  fundamental  para todo aquello que en la Escuela Waldorf consideramos como nuestra   misión, tenemos que contemplar el trabajo mancomunado con los  padres... (Rudolf Steiner, 9.5.1922, Obras completas GA 298, pág. 124).

Los padres y los maestros  comparten  un  objetivo: Ambos quieren lo mejor para "sus" niños.  Mas,  ¿qué es “lo mejor”? Aquí, las  opiniones a menudo  divergen ampliamente. ¿Lo mejor es aquello que causa alegría al niño? ¿O aquello por lo cual tiene que esforzarse realmente? ¿Acaso, no deberíamos dejar en paz completa al niño, para que pueda desarrollar aquello que  lleva  dentro de sí? O, ¿acaso no  deberíamos darle claras formas dentro de las cuales debe moverse? Notamos de inmediato que aquí puede comenzar el trabajo de los padres.: ¿qué deseo para mi hijo? Y, ¿por qué ?

El  cultivo de  los  padres en el entorno Waldorf,  no  debe  significar que los maestros "trabajen a los padres" o buscar persuadirles; los padres y los maestros deberían entrar, en cambio, en un espacio de vivencia y comprensión compartido: ¿de qué manera el niño puede madurar, constituyéndose en un ser humano interiormente libre, con determinación propia - apoyado por la casa paterna y la escuela? ¿Con qué medios podemos apoyar esa madurez en las diferentes fases evolutivas del niño? ¿Qué necesita este niño, aquí y ahora?, ¿cómo  puede  contribuir el niño mismo a la configuración de su destino en la escuela?

Desarrollar la comprensión por la Pedagogía Waldorf 

La conversación acerca de la Pedagogía Waldorf, que tiene como finalidad despertar la
comprensión de los padres con respecto al trabajo en la Escuela Waldorf, ya en 1923 era considerada como una tarea central:

" Lo que necesitamos para nuestro trabajo de la vida diaria en nuestra escuela es la comprensión de aquellos, de quienes en un principio dependemos, aquellos que nos confían sus hijos en la escuela. Sin esta confianza, de hecho, no podemos realizar nuestro trabajo. ... Tenemos que desarrollar fuerza para los ideales de  nuestra  escuela;  fuerza en el sentido de  poder reconocer cuán profundamente arraigado en las más importantes demandas culturales del presente y del futuro  próximo  se  encuentra aquello que hace su aparición en las ideas de la escuela Waldorf”.

Mediante conversaciones y diálogos en diferentes planos, maestros y padres podemos trabajar en dirección  a esta comprensión señalada por R. Steiner. En principio, encontramos la gran  necesidad de los padres, que simpatizan con la escuela Waldorf, pero que quieren conocer las metas de la Pedagogía Waldorf: una pedagogía que de manera más o menos radical se orienta en el desarrollo del niño. Cierto, los padres la tienen que querer, la tienen que desear para sus hijos, pero eso no implica que adoctrinemos adultos, pero es necesario contemplar que sin este trabajo mancomunado, el trabajo educativo ostenta deficiencias claramente perceptibles.

No es lo ideal, cuando  los padres  meramente  "hacen  entrega" de su hijo en la escuela  Waldorf.  Así y todo, aún esto conforma una no desdeñable señal de confianza, que debiera ser debidamente valorada por los maestros. Todo sentimiento de valoración entre la casa paterna y la escuela edifica un clima donde el alumno siente bienestar. Cuanta mayor alegría tienen con la escuela Waldorf los padres, tanto más cordial será  el trabajo  compartido. Por  lo tanto, es trabajo de la escuela buscar la conexión de los padres con la Pedagogía Waldorf, ofreciendo espacios de divulgación -charlas, conferencias, talleres, seminarios- que les permitan conectarse con los ideales, la metodología y didáctica y las formas de cada institución. Más allá de ello, es necesaria la constante concientización acerca de la pedagogía Waldorf en todos los ciclos, mediante  reuniones periódicas con padres, en las que se resalten los elementos fundamentales de cada etapa evolutiva de los niños. Esto es importante para poder comprender porqué ahora en la escuela se está tratando tal o cual contenido, por qué tal o cual práctica es adquirida justo ahora. Puede clarificar empero a su vez, que el grado, en su actual fase evolutiva está demandando algo que  no  está  contenido en el plan didáctico, que así y todo es necesario. Esta comprensión es  importante para el trabajo educativo de los padres en el hogar: me doy cuenta de que la frialdad de mi hija para conmigo no es tan sólo un capricho, sino expresión de un proceso de sustitución propio de la prepubertad, que  tiene  lugar  en  otras  casas  paternas del mismo grado… así, puedo manejarme con mayor calma y con una distancia más comprensiva.

Todas   estas   cuestiones   educativas   que,   provenientes  de  la  vida  cotidiana preocupan  a  los  padres, corresponden  estar  presentes  en  el contexto de estas reuniones con los padres:  La  pregunta   acerca  del  trato  con  la computadora o del pedido del teléfono celular, a modo de obsequio navideño, así como la observación en el grado con respecto a las marcas obligadas, del hurto o de las primeras experiencias con el alcohol o el tabaco.

En el centro: El niño individual 

Otro  plano de la conversación pedagógica entre maestros y padres es el diálogo acerca del niño individual. Esta conversación conforma una oportunidad del desarrollo para el niño, cuando los participantes se preocupan por una comprensión compartida. Como adultos, lo sabemos muy bien: esa sensación que parece darnos alas cuando otra persona nos comprende de verdad, que percibe y afirma aquello que nosotros mismos estamos buscando en nuestro interior. Una conciencia, que amorosamente contempla lo que como ser humano se desarrolla en el alma propia, nos ayuda de modo mucho mejor que cualquier crítica a hallar el camino hacia nosotros mismos. Los maestros y los padres deberían sentirse llamados a desarrollar mancomunadamente esa conciencia para el niño. 

Justamente el principio de la Pedagogía Waldorf de no seguir una teoría abstracta, sino desarrollar la pedagogía con actualidad a partir de la realidad del niño, conduce al deseo de muchos maestros de  querer conocer la casa familiar. Aquí, el maestro puede sumergirse un poco en el clima dentro del cual el niño está creciendo, pudiendo captar algo de las circunstancias físicas, anímicas y espirituales que acompañan la vida cotidiana de su protegido. Allí está, por ejemplo, el conejo, cariñosamente cuidado y mostrado de inmediato, un poster de Harry Potter en la pared sobre el escritorio, la misión del lavado de los platos de la cena que es ejecutado con toda naturalidad, el televisor frente a la cama. De modo inmediato, el maestro podrá comprender determinadas actitudes del niño. (“Ajá, también en la escuela este niño cumple sus encomiendas cuidadosamente y con responsabilidad").
O bien, causar sorpresa: "Epa, este tono petulante a los padres, no lo he  conocido en la escuela"…  


Un televisor o una computadora al lado de la cama es apropiado para provocar el escalofrío de muchos maestros Waldorf y es plausible expresarle a los padres la opinión propia de que esos aparatos tiene que desaparecer de inmediato de este lugar, de una manera bien fundamentada. Cuando esa exposición no está motivada por una pregunta de los padres, este intento puede ser interpretado -posiblemente con toda razón- como interferencia nada apropiada en la esfera privada, lo que puede perjudicar de inmediato una situación de diálogo inicialmente abierta. Pero, también el "tragarse" este tema crítico, el rodearlo, esquivarlo hábilmente, no conduce a nada y en cambio genera barreras interiores. ¿Cómo podemos manejarnos con esta situación, cuando evidentemente chocan conceptos opuestos con respecto a aquello que le  hace bien al niño?

También los  padres por su parte pueden entrar en un conflicto. En casa, por ejemplo, realizan el esfuerzo para lograr que el hijo una y otra vez pueda superar la propia pereza, para llevar a cabo, lo que realmente es capaz de realizar. En la escuela, sin embargo, el maestro parece estar satisfecho con tareas consistentes en tres frases, además, deja pasar la "configuración" desprolija del cuaderno de época y ni siquiera coloca una nota respectiva al pie de la tarea. El juicio paterno se toma de inmediato: ¡Aquí se trata de la comodidad del maestro!, tendría que realizar un esfuerzo mayor, exigiéndole a los alumnos, un trabajo acorde a su edad… En este sentido, la postura anímica del padre o de la madre debe cambiar, ya que no favorece al trabajo en común en torno al niño. En realidad, este juicio ya constituye un bloqueo anímico, que impide el libre diálogo y a su vez únicamente genera bloqueos. Todo intento de querer "educar" a un adulto, está condenado al fracaso, ya que únicamente el adulto mismo puede educarse. Es así que debemos elaborar y disolver estos juicios al descubrirlos en nuestra alma y darnos cuenta de su destructividad en pro de una fructífera tarea compartida. Rápidamente podremos descubrir entonces, que "comodidad" es una interpretación solamente unilateral del comportamiento del maestro. ¿No habrá que tomar en cuenta acaso un temperamento expresamente sanguíneo, las múltiples tareas de la auto-administración en la escuela, la situación actualmente difícil de la familia, de la cual nos hemos enterado?

También el temor puede ser el impulsor de una comunicación sin compromiso, es decir, temor a la confrontación. Frente a ello, puede generar animadversión si el maestro se refiere -directamente y sin ser preguntado- a los peligros de la televisión o de las computadoras, los celulares o los videojuegos. Pero los padres también pueden generar un mal ámbito de relación los maestros al confrontarles directamente, sin tomar en consideración los ejes de la pedagogía Waldorf. En la vida cotidiana solemos actuar muchas veces a partir de un primer impulso, con torpeza debido a esta falta de reflexión. Aún, cuando en un primer momento pueda causar sobresalto o pueda ser molesto, tomar consciencia de aquello que hasta entonces no ha sido consciente, para la persona que quiere evolucionar, no hay camino que no pase por allí. Las deficiencias y los errores son potenciales evolutivos, son posibilidades creadas por la vida, en las cuales puede ser implementada la autoeducación.  Solamente una persona que decididamente no quiere cambiar, se opondrá a todo aquello que podría cuestionarlo y, el cambio que él mismo no lleva a cabo, lo estará exigiendo entonces constantemente de las demás personas. Cuando la formación de las ideas pedagógicas se lleva a cabo conjuntamente entre casa y escuela, se garantiza que los padres tomen conocimiento inmediato de las intenciones de los maestros y así pueden seguir los mismos impulsos en su campo educativo, tal como lo hacen los maestros en lo escolar. ¡Los padres de la escuela Waldorf están llamados para su participación! Los padres no tienen que sellar en silencio con su firma el monólogo del maestro, sino que pueden participar en la configuración de la imagen del niño, confirmado, aprobando o relativizando o cuestionando. Este efecto espejo por parte de los padres puede conformar una ayuda para el maestro, para estar más despierto frente al niño y también frente a sí mismo, desarrollando de esta manera una mayor vitalidad interior.

Espacios de iniciativa para los padres 

A los padres  de la escuela Waldorf, más allá de las conversaciones referidas al niño se les brinda muchas posibilidades para el trabajo mancomunado, tanto en el campo pedagógico como en el organizativo, en el plano de la co-responsabilidad. La colaboración de los padres en el contexto  del grado es indispensable en oportunidad de emprendimientos mayores: ¿qué haría el maestro, si en ocasión de la época de oficios o de la construcción del tercer grado no tuviese a su lado padres entusiastas y comprometidos? ¿Qué haría el maestro de grado en ocasión de una salida con 35 alumnos vivaces y activos en cuarto grado, sin la fuerza de apoyo y ayuda por parte de los padres? Esta colaboración le posibilita a los padres tanto la adquisición de experiencias propias y competencias, así como también muchas oportunidades perceptivas: ¿Cómo es la comunidad del grado? ¿Qué tareas le impone al maestro? ¿En qué lugar, yo u otros pueden prestar su ayuda, también en lo futuro?
La colaboración a menudo trae a consecuencia la co-responsabilidad. Los padres que han ayudado activamente en las tareas y que han vivenciado la dinámica de un grado, casi siempre emitirán con mayor cautela sus juicios hacia la escuela o hacia los maestros. Podrán apreciar mejor aquello que se pudo lograr a pesar de las dificultades y ayudar allí, donde se presentan problemas. Esa colaboración ayuda a que el conjunto de los padres puedan, activamente, ir formándose en una comunidad en la cual cada uno desarrolla la disposición de aportar algo de aquello que sabe y puede hacer y que beneficia al conjunto.

Para que esto no se convierta en un compromiso agobiante, el cuerpo docente hará bien en aclarar a los nuevos padres que ingresan lo que de ellos se aguarda a modo de compromiso (por ejemplo, la regular asistencia a las reuniones de padres) y qué opciones de colaboración y de tareas en conjunto existen además. En toda escuela Waldorf en algún momento se forman círculos de trabajo con función de consejo, que se dedican a diferentes campos de trabajo y de responsabilidad. Así existe por ejemplo, un Círculo del Bazar que toma a su cargo la organización y la configuración del Bazar Anual y un Círculo de padres y maestros en el cual se debaten temas tales como por ejemplo, el apoyo a la instalación de una cocina escolar, o la moderación de algún conflicto interni en la comunidad. entre representantes de los maestros y los padres. El situarse dentro del impulso escolar y a su servicio - impulsó escolar formado por padres, maestros y alumnos como, por ejemplo, procurar una sana base económica de la escuela, requiere competencia, sensibilidad social y la actitud opuesta al deseo de poder o de revancha. En los grupos mencionados, los padres se comunican con la escuela de una manera que va más allá de la preocupación por el hijo propio, aportando un trabajo de integración de lo interno y lo integral de la escuela. Y este trabajo ya comienza en lo muy pequeño, cuando por ejemplo en la conversación con padres de otras escuelas, de pronto uno se ubica en representar la propia escuela o de todo el movimiento, cuando recibe la pregunta: ¿Por qué envías a tu hijo a una escuela Waldorf?

El trato de los conflictos 

Por supuesto, se trataría de cerrar los ojos frente a la realidad al opinar que el trabajo conjunto entre maestros y padres puede ser realizado siempre sin llegar a conflictos. Y aún, cuando en infinidad de oportunidades nos hemos dicho que los conflictos sirven para nuestro desarrollo, la emoción y el estar afectado personalmente y hasta el amor propio, son más poderosos que esa comprensión. Los conflictos entre los maestros y los padres a menudo se generan a partir de diferentes posturas con respecto a la educación (liberalidad y rígida severidad) o a partir de problemas comunicativos, así como a causa de diferenciados requerimientos del rendimiento de los alumnos (dejarlos en paz - exigirlos). Las tensiones no resueltas a menudo cambian de plano: Lo que en realidad debe ser resuelto por los adultos, de pronto es llevado a cabo a través del niño. El niño tendrá que soportar entonces las tensiones entre los padres y "su" maestro - lo cual, posiblemente, le ocasiona una enfermedad.

Del mismo modo como una relación afirmativa entre los padres y la escuela vigoriza la salud del niño, la relación tensa ocasiona perjuicios corporales: dolor de cabeza, dolor de vientre, falta de fuerza y otros malestares, son la consecuencia. Frente a ello, ¿qué podemos lograr pedagógicamente, cuando las diferencias, las tensiones interhumanas pudieron ser superadas con la ayuda de colegas con experiencia y de padres, surgiendo nuevos impulsos de desarrollo para los adultos? El niño, o bien el joven, vivencia entonces de modo inmediato que los adultos no se resignan frente a sus problemas, sino, que se esfuerzan por darles forma y superarlos. Este hecho es reconocido y puede brindar orientación para la vida.

Una gran ayuda al respecto será afrontar activamente los conflictos abiertos o latentes, encontrar padres y maestros que en un marco de conflicto puedan actuar de mediadores. También en este caso es deseable el accionar conjunto, pleno de confianza, de padres y maestros representantes -en el caso ideal, un representante masculino, y uno femenino-, para que ambas partes puedan sentirse representadas en el conflicto. Según la experiencia, a algunos padres no le resulta fácil hablar libremente frente a un espacio ocupado únicamente por maestros. Quien alguna vez ha experimentado cuan paralizante puede ser no tener un interlocutor para sus problemas, podrá saber de qué estoy hablando. Aquí, el trabajo social de orientacíon antroposófica es la clave para un buen encuentro entre padres y maestros.


Los ámbitos diferenciados

Así como los maestros no deben pretender educar a los padres, sino compartir la esencia de la Pedagogía Waldorf y su visión, éstos, por su parte, no deben esperar que los maestros resuelvan aquello que en casa no ha sido atendido debidamente. Los niños son el vivo reflejo de su entorno familiar y, cuando se presentan actitudes no adecuadas en éstos, hay que tener la fortaleza y la valentía de observar en casa las actitudes de los propios padres. Los niños aprenden de mamá y de papá por medio de la imitación, en el primer septenio, y de la emulación, en el segundo, por lo que la autoeducación del adulto es un factor fundamental a efecto de ofrecer la mejor versión posible. 

Asumir la biografía propia con todas sus vertientes, hacernos cargo de nosotros mismos, es el mejor aporte que podemos hacer a nuestros hijos y a su formación, no sólo en el entorno de la Escuela Waldorf, sino en el más amplio sentido de sus vidas presentes y futuras. En este sentido, en los maestros Waldorf podemos contar con el mejor aliado para conducir a los niños, siempre y cuando el ejemplo que ofrezcamos sea de apertura, sanidad y respeto por los otros y por la vida misma.



2026-01-27 | 06:15:59pm

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